Hoy puedo ver cómo verdaderamente son las cosas, ya no necesito explicaciones o excusas de nadie para darme cuenta pero, ¿es esto a lo que se llama creer*?
Pude ver, con ojos bien abiertos y ya entrenados que no todo lo que brilla es oro, como bien dice el dicho. Nada es como parece, nada es certero en verdad, ni nada está absolutamente calculado. Pero lo peor de este proceso es percatarse del entorno: las sonrisas no son más que meras ilusiones, (...)
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